Gestión de calidad en traducción profesional

Gestión de calidad en traducción

Evaluación del rendimiento y control de calidad en traducción después de la entrega

La evaluación del rendimiento y control de calidad después de la entregaCuando entrego una traducción, no cierro el proyecto. Lo dejo respirar y hablar. Aguardo y escucho.

La evaluación y el control de calidad posterior no son requisitos formales, ni un paso corporativo: es una parte natural de mi práctica como traductora. Es la manera que tengo de asegurarme de que cada encargo no termina en un archivo adjunto, sino en un aprendizaje que me acompañará en los siguientes proyectos.

Antes de entregar un proyecto hay que revisarlo bien, releer las instrucciones y los materiales de referencia que ha aportado el cliente, aplicar una checklist propia del proyecto y otra general, universal, que he ido desarrollando con los años.

Después de la entrega, pueden llegar de parte del cliente, solicitudes de cambios, sugerencias de mejora, modificaciones del original y, por tanto, de la traducción… Todo ello se aplica y, si procede, se comenta o rebate con el cliente para que el texto definitivo sea correcto y satisfactorio.

Cuando concluye esta fase, me gusta documentar todo ese intercambio en una carpeta específica del cliente. A esta carpeta van a parar, de forma estructurada, los documentos originales, las traducciones (y sus versiones modificadas, si es el caso), la parte administrativa (presupuesto, PO y facturas) y, lo que nos atañe en este artículo:

  • la carpeta de referencias con enlaces a glosarios, documentos, monográficos, etc,
  • una evaluación del desempeño en traducción. Es decir, una anotación de las dificultades surgidas, las dudas que se me han planteado y las soluciones encontradas.

Con mis años de experiencia he aprendido que esta última parte es fundamental para el control de la calidad en traducción y la mejora continua. ¿Por qué? Porque me prepara para afrontar de forma más eficiente futuros proyectos y para responder a preguntas del cliente de tipo «¿por qué has traducido esto así?».

¿Por qué hacer un control de calidad después de entregar una traducción?

Al hacer clic en “Enviar”, la traducción comienza un nuevo recorrido que también forma parte del proceso de gestión de la calidad en traducción. Una vez en manos del cliente, y dependiendo de la naturaleza del texto, la traducción puede pasar revisores técnicos, departamentos jurídicos, responsables de marketing o maquetadores, antes de llegar al destinatario final. Y en ese recorrido, pueden aparecer preguntas, dudas o pequeñas incoherencias que solo alguien que ha traducido el texto de principio a fin puede resolver con rapidez y precisión.

Por eso, después de entregar:

  • Sigo disponible para aclarar decisiones terminológicas. Para responder por qué se ha traducido una frase o un término de una determinada forma.
  • Realizo modificaciones y ajustes de última hora a petición del cliente: un cambio en el original, un matiz regulatorio que se actualiza, una versión abreviada para marketing… y me aseguro de que la modificación no desequilibra nada.
  • Preparo memorias de traducción y glosarios para garantizar la coherencia terminológica con materiales creados después de mi entrega: una infografía o folleto que nace a partir del informe principal; una nota de prensa basada en un documento técnico, etc.
  • Me ocupo de la revisión final tras la maquetación: acorto frases que no caben en el diseño de página, elimino saltos de línea inoportunos o errores de formato que no se vieron durante la traducción y revisión.
  • Y realizo el mantenimiento de mis glosarios y memorias para que futuras traducciones del mismo cliente partan ya de esa base de conocimiento.

Este control de calidad en traducción no es un mero trámite, es una ventaja competitiva para el cliente y para el traductor. Es lo que permite cerrar el círculo: asegurar que el texto funciona donde tiene que funcionar y que ese éxito se puede replicar.

Registro de incidencias y aprendizajes para la gestión de la calidad en traducción

Aunque trabajo de manera independiente, he adoptado prácticas de gestión de calidad inspiradas en la norma ISO 17100 de requisitos de calidad para los servicios de traducción y en las recomendaciones de la ATA, la American Translators Association. Las he adaptado a un flujo ágil y realista que realmente aporta valor.

Mi sistema se centra en dos tipos de anotaciones internas:

1. Registro interno de incidencias: aprender de lo que ocurre

Si durante el proceso de revisión detecto errores, dudas o incoherencias semánticas, terminológicas o de contenido, creo un registro de incidencias. Si estas incidencias tienen repercusión en el resultado final, lo comunico al cliente. Antepongo la responsabilidad y profesionalidad, al orgullo. El objetivo no es señalar culpables, sino comprender qué ha sucedido y qué se puede aprender. Si, por el contrario, son incidencias que no afectan a la calidad de la traducción, pero sí a la productividad, para cada incidencia anoto:

  • La frase o término que generó la duda
  • La causa del problema (ambigüedad, cambio en el original, interpretación posible…)
  • La solución adoptada y su justificación
  • La referencia consultada para validar la decisión final

Estos registros me ayudan a identificar patrones: si un mismo término genera dudas con frecuencia, creo un glosario específico; si una instrucción del cliente provoca confusión, propongo una solución para futuros proyectos y, lo que es más importante, llegado el caso, me sirve como referencia para proporcionar las explicaciones oportunas al cliente.

2. Acciones preventivas: anticiparse a posibles errores

A veces no hay un error concreto, pero sí oportunidades de mejora. Por ejemplo:

  • Un término que induce a errores y conviene aclarar de antemano
  • Una guía de estilo que requiere mantenimiento y ampliación
  • Instrucciones del cliente confusas que necesitan revisión

En estos casos, registro una acción preventiva interna para dejar constancia de:

  • El riesgo identificado
  • Qué haré distinto en futuros proyectos
  • Si es necesario actualizar glosarios, memorias o listas de control

Este pequeño hábito marca una gran diferencia: convierte cada proyecto en una fuente de conocimiento aplicable y repetible.

Cerrar el círculo de la gestión de la calidad en traducción

Este enfoque de calidad posterior a la entrega no es un trámite: es mi manera de garantizar que lo que funciona una vez pueda funcionar siempre. Documentar incidencias, registrar decisiones y anticipar riesgos me permite aprender de cada proyecto, perfeccionar herramientas como glosarios y memorias, y responder con seguridad y rapidez a cualquier duda del cliente.

La calidad en traducción no es un punto de llegada, sino un ciclo que se construye proyecto a proyecto, decisión a decisión. Cada revisión, cada corrección y cada aprendizaje suman valor, fortalecen la confianza del cliente y aseguran que mis servicios de traducción sean fiables.

Soy Inma González, traductora especializada y con una larga experiencia a tu servicio. Aquí te cuento más sobre mí.

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